Diseño Que Escruta La Experiencia Humana

Por Cristina Muñoz

La orina humana es un simple desecho líquido. Pero para el ojo lúdico puede ser un caudal cinético que —en interacción con la tecnología— revela su fuerza como fuente de electricidad y como señal del valor biológico-cognitivo de nuestros cuerpos.

Esa reflexión remite al proyecto titulado Urine Journey que desarrollé en el verano de 2014 con un colega como experimentación en un campo profesional cercano a mi corazón: el diseño interactivo.

Voy al grano: para mí, el diseño es un universo de cosas, sujetos, ideas y objetos demasiado amplio como para sentenciarlo categóricamente. No me adhiero a divisiones clásicas de esta disciplina. Sin embargo, mi refinación apunta a ser clara.

El diseño interactivo es un ojo analítico multidisciplinario de la experiencia humana con la tecnología. Es el abordaje metodológico y/o práctico a las interacciones entre humanos, tecnología y medio. Significa —por ejemplo— analizar qué estímulos y comportamientos se insieren cuando navegamos en un smartphone, medio y extensión humana como ya nos sugirió McLuhan.

Cuando pienso en diseño interactivo me remito a qué significados aparecen en el momento en que el teléfono es una extensión tecnológica y sus consecuentes potenciales impactos. Sí, el diseño interactivo se interesa en las relaciones entre humano y tecnología; y por extensión natural, espacios.

¿Cómo interviene un diseñador interactivo un espacio? La sincronización de las luces para pasos peatonales con sonidos particulares es un ejemplo clásico, sencillo y del momento. El análisis de esas interacciones entre humanos y sus mini universos cotidianos mediadas por tecnología ilustran el campo en el que me desarrollo.

Las relaciones en nuestros hogares están mediadas por tecnología y el poder que esta ocupa en nuestras vida es tan significativo que puede pasar inadvertido. Es por ahí que pongo mis ojos en esa experiencia humano-tecnológica, en su “tras bastidores”, en un hardware, en una tecnología particular...

El diseño interactivo es mi herramienta para desenredar el conocimiento. Y cuando hablo de conocimiento lanzo un cable a tierra a la posibilidad de educar y crear consciencias personales o colectivas. El urinario fue un ejercicio en creatividad y pensamiento artístico, pero fue especialmente un estímulo visual a las posibilidades de crítica a un sistema abusivo en el consumo de agua.

Las posibilidades de creación que el diseño interactivo supone me hipnotizan y las aplicaciones en este campo son diarias, indistintamente abstractas, a veces pedestres y siempre apasionantes. Son métodos personales y profesionales de relación con la realidad y la fantasía.

Bio

Cristina estudió diseño interactivo en Goldsmiths, University of London y diseño e innovación en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Forma parte del colectivo de diseño Pata de Gallo y es profesora en la Universidad San Francisco de Quito.


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